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El verde tinta y la esmeralda se entrelazan sobre la superficie; vetas de bronce se leen como rayos de sol filtrados por la copa de una selva, y cada cambio de color es un aliento desde lo profundo del bosque. La técnica translúcida convierte la retroiluminación en capas de hojas iluminándose entre sí, y una sola placa de 1200 × 3200 mm sostiene todo el espacio.





