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Vetas grises de distinta profundidad fluyen y convergen desde todas direcciones, tejiendo un impulso arrollador sobre la piedra, como cien ríos que van al mar. Colocada en veteado continuo de 1200×3200mm, la superficie pulida estira y extiende cada veta, dando a la pared protagonista la amplitud y la tensión del océano que todo lo acoge.


