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Hilos de oro flotan sobre un fondo blanco nacarado y tierno, y el grabado da a las vetas un relieve sutilmente elevado que las yemas pueden recorrer. Colocada como placas continuas de 1200×3200mm, la superficie pulida hace resplandecer el veteado dorado, aportando a encimeras y paredes un lujo discreto y contenido.


